Siempre hubo algo en Bono que me molestó. Esa actitud BoBo (burgeois bohemian) musical. Esa actitud supuestamente pro-África, en la que siempre sentí un tufillo a colonizador resentido, una postura falsamente justiciera. Pero nunca pude definirlo de forma tan precisa. No hasta ahora, que leí la entrevista que le hiciera Anthony DeCurtis para la Rolling Stone y que fuera publicada por Rolling Stone Argentina en su edición especial de los 10 años, en abril último. Enlacé la versión original en inglés de la entrevista, porque en el sitio argentino no está.

Ya enseñaba Stuart Hall a finales de los 70' cómo la ideología capitalista dominante utiliza la idea radical del “consenso” como arma para mantenerse en la hegemonía. Hoy esa idea está por todos lados, y los únicos que la desafían son los llamados “terroristas”, es decir, aquellos que amenazan -simbólica y materialmente- la idea de que todos tenemos, supuestamente, los mismos intereses y que las diferencias -de clase, por ejemplo- son sólo matices que pueden resolverse en una mesa de negociación.
Y ahora viene este señor Bono, con toda su popularidad a cuestas, a decirnos: “Yo entiendo y concuerdo con el análisis del problema. Existe una amenaza inminente. Ya se manifestó aquel 11 de septiembre; es real y es grave”. Y de yapa, se despacha alabando al “razonable” Tony Blair, el mismo que se alió con Bush y el mismo que mantiene al pueblo de Bono bajo dominio británico.
Es claro de qué lado se pone Bono. Es claro que todo lo hace y dice desde el lado del occidental rico que ve amenazada su comodidad, pero más importante aun, que ve amenazada esta idea del “consenso”, es decir, de “paz”. Falso pacifismo que sirve al poder. “No lo he discutido con el presidente Bush. Trato de ajustarme a mi discurso y no me gusta abusar de mi fácil acceso para cambiar temas de conversación. Pero soy una estrella de rock irlandesa con buena labia, y estoy más acostumbrado a usar la lengua que los puños (...)”. ¿Echarle agua?
Es claro que Bono, cuando viene con su discurso pseudo-humanista, ve el mundo desde la perspectiva del blanco rico. Y el blanco rico tiene intereses. Y una agenda. Su falso altruismo disfraza las intenciones (conscientes o inconscientes) de la perpetuación de la ideología hegemónica.
Y si esto no queda claro, vuelvo a citarlo: “Yo abogo por demostrarle al mundo de cuántas cosas somos capaces en el hemisferio occidental, con nuestra tecnología, nuestras innovaciones, nuestra agricultura, nuestra farmacología. Hemos desarrollado una inimaginable prosperidad (...) Los Estados Unidos (...) no son un país, son una idea”.
Señor Bono: “nuestra agricultura” no saca el ruido de panza de millones de africanos por los que usted dice luchar; “nuestra farmacología” no cura a los millones que mueren por enfermedades curables; “nuestra tecnología” no los ayuda siquiera a llegar al hospital. ¿Y sabe por qué? No porque haya uno o dos millonarios menos que intenten lavar su conciencia donando un hospital para algún país perdido de África, sino porque al sistema ¡no le conviene! Al sistema, África no le sirve, como sí le sirvió hasta hace 30 años, cuando de las colonias el “próspero hemisferio occidental” chupaba su prosperidad. Y permítame una pregunta: ¿qué idea son los Estados Unidos? ¿La idea del “American Dream”, del “American Way of Life”, del WASP?
Bono cree que la acción político-social pasa por hablar con los líderes de los imperios opresores para convencerlos de que, de buena fe y como si no hubiera intereses de por medio, cambien de parecer.
Seguramente, enseguida va a saltar la idea de “por lo menos hace algo”. Me atajo: sí, hace algo, pero como dije, ese algo es mantener -consciente o inconscientemente- el status quo, proteger y mantener la idea del consenso. No se trata de hacer “comercio justo”. La raíz del problema está en la noción “comercio”, que nunca puede ser justo porque dejaría de ser comercio. No se trata de darle un plato de arroz a un niño africano, porque por cada nuevo niño que se alimente, millones nacerán en la miseria. Por cada pizca que avance Bono, el sistema agrandará y potenciará las brechas.
Sinceramente, preferiría verlo a Bono reconciliado y en paz con su carácter de rockero millonario. Juro que preferiría verlo derrochar millones en martinis y porsches, rodeado de penélopes y otras hermosuras, antes que verlo luchar por el capitalismo disfrazándose de humanista.