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La Cenicienta y el Hado Madrino

Adaptación cómica de La Cenicienta.

En una casa bien cuidada, en los límites del reino, vivían una joven y su padre. La joven tenía trece años cuando su padre volvió a casarse. Sin embargo, su madrastra no era tan buena como ellos creían, nadie se imaginaba lo malévola que era.

Delia, la madrastra de la muchacha tenía dos hijas de la misma edad que su hijastra. Sus nombres eran: Esmeralda y Lucrecia. Esmeralda era la mas bondadosa de las dos, no parecía hija de Delia, ni hermana de Lucrecia. Pero a pesar de eso, a veces se dejaba llevar por la maldad de su hermana y su madre. Lucrecia era muy presumida, mandona y exigente. No podía ver ni un poco de polvo, pero igual, no era capaz de limpiarlo.

Delia y Lucrecia maltrataban a Sonia, la hija del dueño de la casa. Como ella tenía muchos nervios fumaba mucho y su ropa se llenaba de cenizas. Por eso, Delia y Lucrecia (y a veces Esmeralda) la llamaban "Cenicienta".

Años después de la boda entre Delia y el padre de Cenicienta, la malvada mujer lo culpó de ser un político deshonesto ante la policía. Cenicienta y su padre no se enteraron de esto. El hombre fue condenado a veinte años de cárcel.

Mientras, Delia y Lucrecia trataban a Cenicienta como una sirvienta. Esta última cada moneda que juntaba la usaba para... se equivocan, no era para sacar a su padre de la cárcel, la usaba para comprarse cigarrillos.

Cierto día, Cenicienta vió a un servidor de la realeza dirigirse a su casa. Ella, sabiendo que su madrastra y hermanastras no estaban, se apuró a vestirse para la ocasión y recibió al sirviente real.

Su Majestad, el rey Juan el No Tan Valiente, me envió a traer estas invitaciones para la dueña de casa y sus tres hijas. El príncipe Juan el No Tan Guapo elegirá a una bella muchacha para que sea su esposa.
-¿Algo más?- preguntó Cenicienta muy emocionada.
-Nada más, bella dama.

Cenicienta guardó las invitaciones en un lugar seguro. Al regresar su madrastra y sus hermanastras ella no les contó nada.

Sin embargo, Lucrecia, que estaba enamorada del príncipe, sabía de la fiesta e interrogó a su hermanastra una y otra vez.

-Sonia, ¿estás segura que no vino nadie mientras no estuvimos?

-Seguro.

-¿Nadie vino a invitarme, digo, a invitarnos a ninguna fiesta o algo parecido?

-No, nadie- dijo Cenicienta prendiendo un cigarrillo.

-Basta, me rindo. Sos imposible de convencer. Ahora dame lo que es para mi, Cenicienta- ordenó Lucrecia.

-Si las querés, sacámelas- desafió Cenicienta, mostrando las invitaciones y echándose a correr.

Lucrecia la persiguió hasta cansarse. Para su suerte, su presa resbaló y se cayó. Así pudo obtener lo que quería y lograr que Delia le prohibiera a Cenicienta ir a la gran fiesta.
El día llegó. Lucrecia, Delia y Esmeralda se prepararon. A Esmeralda el vestido le quedaba un poco chico, porque ella era un poco gorda.

Cenicienta quedó encerrada en su propia casa. Pero al rato, un joven y apuesto hombre apareció antes sus ojos como por arte de magia.

-¿Cenicienta? Sí, sos vos. Me presento, yo soy tu Hado Madrino y vengo a concederte todos tus deseos.

-¡Deseo ir al baile! No, no, pará. ¿Lo que yo quiera? Ni ahí voy al baile. Quiero... ¿qué puedo pedir? ¡Cigarrillos!

-Tarde, pediste el baile, vas al baile.

-¡Ufa, che! Bueno, si no queda otra.

Esta parte ya lo conocen: la calabaza se convirtió en carroza, los ratones en caballos y su ropa en un hermoso vestido con zapatitos de cristal. El hechizo terminaba a las doce, bueno todo normal.

Cenicienta llegó al baile. Vió al príncipe y no se enamoró, casi vomita. El príncipe era espantoso. Gordo, enano, morocho, narigón. ¡Un asco!

Pero el príncipe se enloqueció con ella. Ella le hizo el favor de bailar y luego, se lo regaló con moñito y todo a Esmeralda. Eran una pareja ideal y el príncipe aceptó fácilmente el cambio.

Cenicienta volvió a su casa antes de las doce, el Hado aún estaba allí.

-No me gustó el príncipe, pero ya que tengo el vestido vamos a disfrutarlo.

-¿Por qué no te gustó?

-Yo necesito alguien que me contenga, que me apoye y que no me asuste. Alguien como... vos. Tengo una idea: a dos cuadras hay un boliche, ¿vamos?

El Hado aceptó, a las doce se terminó la joda. Para no pasar papelones, Cenicienta salió corriendo antes y perdió un zapatito. El Hado lo recogió.

A las doce y media se lo devolvió y le pidió que se casara con él. Ella aceptó. El Hado Madrino y Cenicienta se casaron y vivieron felices durante nueve meses.

Sí, ella quedó embarazada y engordó como un chancho. El Hado se contagió el hábito de fumar y se quedó sin trabajo. Por eso, Cenicienta terminó viviendo en el castillo con su hijo trabajando de sirvienta y saliendo los fines de semana a ver a su marido.

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Comentarios (3)
#1 por Larguy, May 13, 2008
pero que lo sponsorea una tabacalera al cuento ?
termino como la vida real ?
#2 por Flor., May 15, 2008
No. Pero podria!
Capaz q me pagan mas.
Y si. y no tiene moraleja este tampoco
#3 por bastian, May 17, 2008
q asko de cuento...¬¬

como se empeña la gente ociosa y sin vida en arruinar los cuentos q parecen magicos de los niños en esktupideces...

el cuento nisikiera tiene una secuencia logica...

es un asko.
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