Nadie se atreve a decirlo en voz alta, pero eso es lo que se respira en el aire. ¿Sos hetero? ¿Tu vida se reduce a reproducirte? Sos un infeliz: no pensás, no escribís, no leés, no formás parte de las más avanzadas teorías. No usás polera negra ni lentes de marco grueso.
Y yo con esta presión encima. Marco me persigue día y noche. Últimamente, decidió sentarse al lado mío en la clase. Claro, como es el chico más popular, nadie le dice nada y todos le ceden el asiento. El resto de los chicos morirían por estar con él, y no hay juego de Wii que pase sin que me molesten con mis asuntos personales.
"¿Pero sos pelotudo? ¿Cómo vas a tener a Marco, ¡a Marco!, esperando así? ¿Quién te creés que sos como para flirtear con el chico más lindo de todo el colegio y no entregarte de una buena vez por todas?", me dicen mis amigos. ¡Mis amigos! ¡No quiero ni imaginar qué deben pensar los demás!
Marco no deja de tirarme indirectas, me invita a todos lados y me toquetea. Yo le digo que me siento halagado, sobre todo cuando me toquetea, porque es políticamente correcto. A ninguno de mis amigos les conté de mis inclinaciones heterosexuales, ni siquiera mis dudas respecto a eso, y todos esperan de mí el momento en que me ponga de novio con Marco.
Nadie sabe de mi relación con Luisana. No quiero que lo sepan, nunca quise contarlo. Todavía no estoy seguro de qué quiero, así que prefiero dejar el momento de la "revelación" (si es que habrá momento tal) para cuando me sienta seguro.
Pero sí, creo que sí. Creo que, pese a todo, soy hetero. De una buena vez por todas tengo que asumirlo, no puedo mentirme a mí mismo sólo por pertenecer a la mayoría.
Ella me está mirando, no sacó su mano de abajo de la mía, me mira y me sigue mirando, mientras la película corre. Yo estoy transpirando, pero siento frío en el centro de la espalda. Estoy incómodo. Siento un agujero en el pecho. La película está en su minuto final y si quiero declararme tengo que hacerlo ahora, antes de que las luces se enciendan. Daniel está por besar a Sandra en ese bar under, con gente vestida de jeans y llena de tachas.
Las luces están bajas y toman whisky. Luisana sigue ahí, y yo sin moverme un centímetro. Obligo a mis músculos a mover la cabeza en dirección a Lui, y ella sigue ahí, mirándome con una mezcla de compasión y lujuria.
Éste es el momento, no lo puedo retrasar. Si no lo hago, sé que me voy a arrepentir por no haberme atrevido siquiera a probarlo. A decir "me gustó" o "no me gustó", a direccional mis decisiones a alguna parte. Sí, tengo que hacerlo. Ahí voy.
"Lui, ¿dónde queda el baño?".